Lo primero que le viene a la cabeza a cualquier persona cuando oímos la palabra pobreza, es la ausencia de bienes materiales. Para definir bien lo que significa pobreza, he buscado esta palabra en http://www.rae.es/ (Web de la Real Academia Española) y las definiciones que nos da la Real Academia de pobreza son:
pobreza.
(De pobre).
1. f. Cualidad de pobre.
2. f. Falta, escasez.
3. f. Dejación voluntaria de todo lo que se posee, y de todo lo que el amor propio puede juzgar necesario, de la cual hacen voto público los religiosos el día de su profesión.
4. f. Escaso haber de la gente pobre.
5. f. Falta de magnanimidad, de gallardía, de nobleza del ánimo.
Por lo tanto, cuando pensamos si los frailes viven de forma pobre o no, a veces nos quedamos en un análisis un poco superfluo y definimos su pobreza por la zona en la que viven. Evidentemente, esa pobreza hay que tenerla en cuenta, pero no nos podemos quedar simplemente aquí.
Lo primero que tenemos que pensar, cuando vemos que un fraile vive en un sitio o en otro, es que ese lugar no le pertenece, que las cosas que tienen, ya sean coches, casas, ordenadores o lo que sea, las tienen para cumplir una misión y en cuando sea necesario y el provincial se lo manden, deberán abandonar esas comodidades y dirigirse allí donde se les designe, teniendo claro siempre, que nada esta a su nombre y que lo que hay es de la comunidad.
Me acuerdo de los frailes que han estado en la iglesia de Barcelona de la calle Bertrán viviendo muchos años y que en un momento dado, han tenido que dejarlo todo y dirigirse a donde la Orden los ha destinado. Especialmente, me acuerdo de Fr. Bernardino Hospital o Fr. Ángel Mariano, que estuvieron muchos años en Barcelona.
Como ya he dicho, los votos de obediencia y castidad me parecen especificaciones o concreciones de lo que es el voto de la pobreza, aunque en votos religiosos hagan falta definirlos, pues de alguna manera se especifica la vida que por Cristo se quiere o se siente llamado a vivir.
En cuanto al voto de la castidad es evidente que el fraile, como cualquier otra persona, siente la necesidad de sentirse querido y tan solo con un Amor enorme al Padre Celestial y al Evangelio, una persona es capaz de saber renunciar a las satisfacciones personales e individuales.
El voto de la obediencia, que también es una especificación del voto de la pobreza, es esencial en la vida de un fraile; prestar atención en que he dicho “también”, pues los tres votos son esenciales.
Imaginaos por un momento que estáis viviendo en una ciudad como Barcelona, lleváis unos ocho años allí, tienes vuestros amigos, la gente con la que os lleváis mejor, el proyecto en el que estáis participando y poniendo toda vuestra ilusión, en fin toda vuestra vida. De repente un día el provincial os dice que cojáis vuestras cosas, que os necesitan en otra parte. En ese momento tenéis que recoger todas vuestras cosas, decidir que cosas tenéis que dejar porque no son esenciales, despediros de vuestro barrio, vuestros amigos, la gente que os quiere y trasladaros a una ciudad donde no conocéis a nadie, la habitación y la casa donde estaréis es más pequeña y quizás la gente nueva con la que vais a compartir vuestra vida, es un poco reacia, porque sustituís aquel fraile con el que tanto habían compenetrado y vivido.
En estos momentos, me acuerdo de Fr. Abel, Fr. Juan y Fr. Miguel Ángel, que han estado juntos estudiando montones de años y que ahora, terminando la etapa de formación, serán separados y trasladados a sus nuevos destinos; me acuerdo también de Fr. Nicasio, un fraile con mucho bagaje en la vida religiosa y cuantas veces ha tenido que cambiar destino, ser profesor, ser provincial, ser director del colegio, acompañar y dar soporte a la casa de formación, dar misa a la ancianas o a las monjas y las cosas que todavía le quedan por hacer. Me acuerdo de Fr. Jordi que ya está en su primer destino después de la formación.
Toda esa pobreza y forma de llevar la vida, no la puede conseguir una persona por sí sola por sus propias fuerzas, sin un amor al Padre y al Evangelio extraordinarios. Un cristiano no puede hacer por si solo nada y debe saber que en ese camino, está el Padre Celestial que nos quiere y nos acompaña.
Seguramente, cualquiera de nosotros puede pensar que hay que tener un carácter especial, un don especial, una gracia especial, para poderse dedicarse a esta vida de renuncia y entrega. Es verdad que Dios hace un llamamiento especial a ciertas personas para vivir de cierta manera, pero eso no asegura nada, porque la fe, la gracia hay que cuidarla y pedirla cada día.
Me acuerdo que cuando yo era pequeño, en mi colegio los “curas” nos recordaban que todos estamos llamados a la santidad; pero eso no significa que todos seamos santos. Cuando una persona siente una vocación especial, no debemos pensar que es un afortunado que no tiene nada que ver con nosotros, pues los dones que el Espíritu Santo da, se los podemos pedir también nosotros. En estos momentos me acuerdo de las palabras de Jesucristo “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”(Lc 9, 10-11).
Hasta ahora hemos hablado de la pobreza de los frailes, pero nos hemos olvidado de la riqueza de los frailes que también la tiene ¿cuál es esa riqueza? La riqueza de los frailes, no se mide por el dinero, los bienes, el éxito profesional o afectivo, sino que se trata de aquella gran riqueza que resulta el sentirse queridos por Dios, el tener la posibilidad de dirigirse a un Padre Bueno y Bondadoso y sobre todo la gran suerte que resulta dedicar la vida en aquello que se cree y se ama, aunque eso suponga hacer algunas renuncias importantes.
Recordaros finalmente, que todos estamos llamados a una vocación particular, ya sea la vida religiosa, la vida sacerdotal, la vida de soltero comprometido o la vida del matrimonio, por eso le pido al Espíritu Santo que nos de esa gracia para responder a la llamada que Él nos hace.
Gracias por dedicar un breve espacio de vuestro tiempo para leerme.
Paz y Bien de vuestro amigo y hermano.